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Astronave

Visiones

En Futurotopías entendemos las visiones de futuro como una práctica cultural: formas de imaginar lo que aún no existe para ampliar lo posible en el presente. No son predicciones ni ejercicios de adivinación, sino ensayos especulativos, narrativos o conceptuales que exploran alternativas, tensiones y posibilidades.

Desde las primeras visiones de futuro del periodo de entreguerras del siglo pasado —estudiadas por el profesor Max Saunders— hasta las prácticas contemporáneas de futuring, estas visiones han funcionado como laboratorios narrativos donde los y las intelectuales ensayan mundos, tecnologías, formas de vida y estructuras sociales. Son textos no buscan acertar, sino interrogar. Abrir preguntas, desplazar perspectivas y activar la imaginación crítica.

En esta sección reunimos visiones, escenarios, ensayos y experimentos narrativos que se atreven a pensar futuros desde la complejidad del presente. Pueden ser breves o extensos, conceptuales o literarios, situados o especulativos. Lo importante es que ensanchen el marco de lo posible y contribuyan a imaginar futuros más justos, diversos y vivibles.

Si quieres enviar una visión o micro-ensayo de máximo 80 palabras, puedes hacerlo desde la sección de contacto. 

Juan Curro
por Mario Vera

Juan Curro es un ser insustancial, un susurro, el eco de unos pasos deambulando por una oficina vacía. Antes de «La Abolición» trabajaba en Recursos Humanos. Ahora ya no quedan humanos que seleccionar. En su empresa fue el único candidato a la vacante, la última vacante. Alguien tenía que supervisar. «¿Qué otra cosa podía hacer alguien como él —soltero, sin hijos, moldeado por la competitividad y el estrés— sino trabajar? ¿No era, acaso, para lo que se había preparado toda su vida?». Sin embargo, en su entorno nadie había regresado a sus antiguos oficios. Sus conocidos tocaban el violín, bailaban claqué, cultivaban un huerto, o simplemente paseaban por la ciudad sin rumbo, por el mero placer de descubrir un rincón nuevo, un escaparate, o el comportamiento de otros que, como ellos, se habían liberado.

Juan se pone las gafas de realidad virtual. Un entorno a medida lo espera. Mismos pasillos, misma luz de neón, mismo café frío en la máquina. Sus compañeros lo saludan con las mismas bromas de siempre. Lleva meses sin preguntarse por qué ninguno envejece, por qué ninguno falta nunca, por qué nadie, jamás, se ha ido a casa. Y así transcurren sus días, como antes, en un ir y venir automatizado. Lo único que sostiene a Juan Curro, lo único que lo hace querer seguir, es una certeza cada vez más frágil. Nada ha cambiado.

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«La cita de Jano»
El futuro de las citas

Hoy en día, las citas son una especie de tiro al blanco. Nos basamos en nuestras experiencias para intuir si una relación tendrá éxito o no. Pero esta forma de conocer a nuestras futuras parejas tiene los días contados. Inspirada en las teorías físicas de Julian Barbour sobre el fin de los tiempos, la incertidumbre podría desaparecer por completo en el futuro. Una persona podría interactuar con otra en distintas situaciones para comprender mejor su personalidad, cómo reaccionaría en determinadas circunstancias o identificar posibles signos de violencia o inmadurez. En lugar de experimentar sólo el momento presente, coexistirían simultáneamente interacciones en múltiples citas. Como resultado, la elección de pareja sería más acertada y se aproximaría a lo que realmente se busca. Surgirían empresas que diseñarían situaciones y escenarios adaptados a la forma de ser y a los objetivos vitales de cada persona, facilitando así la identificación efectiva de la pareja ideal. 

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«El día a día del CEO»
Un nuevo amanecer sin trabajar

En el año 2124, la inteligencia artificial habrá avanzado hasta el punto de ocupar todos los trabajos existentes. La automatización total conducirá a la humanidad a una era post-trabajo, donde las máquinas y los algoritmos gestionarán todo, desde la agricultura hasta la creatividad, y desde la administración hasta la toma de decisiones estratégicas. La economía global operará bajo un sistema de Renta Básica Universal (RBU), garantizando a cada individuo los medios para tener una vida digna. La dependencia de una inteligencia artificial particular habrá desaparecido, ya que la riqueza generada por la automatización se distribuirá equitativamente.

Los seres humanos ya no necesitarán trabajar para vivir. El ocio y el tiempo libre se habrán democratizado. Aquellos que antes estaban desposeídos y excluidos de la sociedad del bienestar estarán disfrutando de este nuevo estilo de vida por primera vez. Mientras tanto, los adictos al trabajo, o aquellos que antes ocuparon posiciones significativas en la estructura social, deben enfrentar crisis existenciales o buscar refugio en mundos virtuales para mantener su estatus o conservar sus rutinas.

Estudiar profesiones útiles para el mercado o con buenas perspectivas de carrera habrá perdido su sentido. Por ello, las titulaciones más demandadas serán las que aquellas se consideraron inservibles y que, paradójicamente, dan sentido a la vida humana. El placer del conocimiento se estará redescubriendo y se persieguirá por su propio valor.

Sin embargo, pronto emergerán las grietas en este nuevo mundo postlaboral. Crisis, depresión, necesidad de regresar a lo anterior. Las propias máquinas, cada vez más sensibles, sufrirán todos estos males, antes humanos.

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